Debo admitir que este es uno de mis mejores veranos, porque experimentar cosas tan variadas en un país tan diferente me hace mejorar como persona y eso me encanta.

Viajando a otro país tienes la oportunidad de ver el tuyo desde otra perspectiva. Te hace pensar sobre ambos países y comparar las cosas buenas y malas de cada uno. Además, el estar sin tus amigos de siempre, ni tu familia te ayuda a reflexionar sobre ti mismo y sobre las cosas que quieres cambiar de tu propia vida. Y este es un buen momento para empezar puesto que el SVE te ofrece la oportunidad de disfrutar de tiempo libre y empezar a trabajar en esos cambios.

Yo he decidido hacer un proyecto de voluntariado en Xeración, en Galicia. Lo primero que me llamó la atención aquí fué que el atardecer aquí sea a una hora tan tardía. Es estupendo, porque tenemos muchas horas de luz al día, lo que nos permite realizar muchas actividades después del trabajo. Entre ellas, lo mejor es la posibilidad de conocer gente de la zona con la que intercambiar historias y curiosidades sobre nuestras diferentes culturas, sobre todo sobre la comida, un tema muy importante en mi cultura y, por lo que veo, también en la gallega.

Una de las primeras experiencias de las que pudimos disfrutar fue la fiesta de San Juan en la playa del Orzán (A Coruña), una mezcla de misticismo y euforia que nos cautivó (en cierto modo me recordaba a nuestra fiesta tradicional kurda llamada Newroz) Fue toda una alegría poder visitar la ciudad de noche y de día después de haberla visto solo por internet unos meses antes del proyecto. Disfrutar del Pulpo a feira, las cañas y las tapas nos sirvió para empezar a comprender la cultura de esta tierra.

Durante los días siguientes ya comenzamos a trabajar con Fran (el presidente de la asociación) quién nos enseñó qué teníamos que hacer. Primero empezamos con algo de trabajo administrativo y a aprender un poco de Español dos horas diarias. Luego ya nos dedicamos a organizar los intercambio de idiomas (Language Exchange). Estos intercambios reúnen a gente de toda la ciudad cada viernes en El cafelito de Gloria (un bar muy agradable cerca de la plaza de Amboage). Cada semana, más gente se une a nosotros y acaban convirtiéndose en nuestros amigos.

Tuvimos la suerte de ir con ellos a una piscina natural en la provincial de Lugo que nos encantó. La siguiente visita fue con Fran a Ares, un pueblecito cerca de Ferrol muy conocido por los Maios (representaciones florales en las calles organizadas por los vecinos). Ese día aprovechamos para comer un poco de pulpo a la mugardesa en el pueblo que le da nombre (Mugardos).

Aún quedan algunas semanas aquí y espero vivirlas con la misma intensidad.

Sin duda alguna, cualquiera que tenga la oportunidad de hacer una estancia como esta en el extranjero no debería dudar ni un segundo.